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Tierra y Libertad

tierra y libertad imprimir“Tierra y libertad” fue una de las consignas anarquistas más antiguas. No se oye mucho en estos días, pero este grito de guerra fue fervientemente usado por los movimientos revolucionarios de México, España, Rusia y Manchuria. En el primer caso, el movimiento que usó esas tres palabras como arma y como guía tenía un importante trasfondo indígena. En el segundo caso, los trabajadoros españolos que hablaban de “Tierra y libertad” eran, a menudo, recién llegados a la ciudad que todavía recordaban la existencia feudal que habían dejado atrás en el campo. En Rusia y Manchuria, los revolucionarios que vincularon ambos conceptos, eran principalmente campesinos.Esta consigna no tenía un significado importante para la clase obrera en general, formada en las fábricas y barrios obreros, sino para los explotados que acababan de comenzar su tutela como proletarios.Los reformistas de las luchas antes mencionadas interpretaron “Tierra y libertad” como dos solicitudes políticas distintas: tierra o algún tipo de reforma agraria que redistribuiría parcelas a los campesinos pobres para que pudieran subsistir en un mercado monetizado u ofrecer la oportunidad de participar en los órganos burgueses de gobierno.La consigna tierra, conceptualizada de ese modo, se ha vuelto obsoleta y la de libertad, también bajo la interpretación liberal, ha sido universalizada y ha resultado ser insuficiente. Teniendo en cuenta que tanto los anarquistas como otros campesinos y obreros radicales que se alzaron junto a ellos nunca sostuvieron la interpretación liberal de libertad, ¿no deberíamos sospechar que cuando hablaban de tierra estaban refiriéndose también a algo diferente? 

23 Tesis en Torno a la Revuelta

23tesis.pdf1. Las múltiples derrotas sufridas por los rebeldes occidentales, en las que perdemos ganando, provienen del hecho de que no seamos conscientes de que somos los primeros colonizados. Asaltamos el Palacio de Invierno, pero reemplazamos al zar por una burocracia, a la que es imposible fusilar. Tomamos Barcelona después del golpe fascista y luego nos jactamos de haber aumentado la producción. Quemamos todos los bancos y atacamos todas las comisarias de Atenas y después no sabemos qué más hacer. Cuando nos solidarizamos, de vez en cuando, con ciertas luchas indígenas, nos parece muy hermoso que tengan una conexión íntima con la tierra, pero no nos preguntamos por qué carecemos de ella.