Quienes somos

Editorial Segadores:

El proyecto de la Distri Josep Gardenyes se injerta a un fundamento más amplio con colaboradoras y horizontes nuevos: la Editorial Segadores (en castellano, Segadoras). Su margen geográfico también se expande; en ella trabaja diversas nómadas en distintos parajes del litoral mediterráneo, desde el río Llobregat hasta más allá del Túria, para la difusión de ideas ácratas y críticas que afilan las luchas contra el Estado, el patriarcado, el colonialismo y la destrucción de la tierra, luchas para recuperar la comuna perdida.

“Segadores” hace referencia directa a la insurrección de 1640 comenzada por los y las campesinas y dirigida contra las autoridades jurídicas, militares y cristianas, aunqué después fuera reconducida por la clase gobernante. Tanto en la revuelta inicial, como en su fracaso y la posterior historiografía vemos una tensión, de la cual nos haría falta aprender si no queremos volver a vivir la misma derrota.

Al himno nacional de Catalunya, un texto rebozado en una superficial unidad, el objetivo es el volver “a ser rica i plena”. Pero la canción original del siglo XVIII está llena de conflicto, de la consciencia de ser pobres y oprimidas, de acción directa, de la quema de iglesias, de la liberación de presos y de la matanza de guardias, caballeros, diputados, jueces, nobles, sacerdotes; incluso al final los segadores revueltos reivindican su horizontalidad. Por lo tanto, hace falta preguntarnos: ¿hasta qué punto hemos perdido las historias de nuestras luchas? ¿Cuántas veces hemos vivido las mismas derrotas?

Al año 1640, los consejeros de Barcelona y el Cardenal Richeliu de Francia consiguieron convertir la insurrección en una guerra nacionalista, es decir, interclasista y patriarcal. Con la finalidad de perseguir los intereses de la monarquía francesa y la burguesía catalana, recondujeron la rabia de los campesinos y de los ciudadanos en contra de la monarquía castellana y sus suplentes, los campesinos y ciudadanos castellanos que morirían en los campos de batalla. En la actualidad, los poderosos utilizan las revueltas sociales para justificar medidas de seguridad y señalar enemigos internos; y los reformistas las utilizan para construir nuevos partidos políticos que les catapultan al poder. Académicas progresistas, ex-activistas y otros arribistas imponen cambios ilusorios y restan iniciativa y protagonismo a los movimientos. Hoy en día, ¿cómo podemos extender el deseo de libertad y la intuición que nos acompaña a la revuelta sin que los dirigentes de turno asfixian estos impulsos con un falso pragmatismo y se aprovechan de ellos para llegar al poder?

El mito nacionalista une al campesino y al burgués para conformar una “patria” y obvia una revuelta campesina contra la dominación. Entonces, ¿quiénes somos, cuál es nuestra historia y cuáles son nuestros intereses? A parte del marco nacionalista, ¿cuáles otros marcos identitarios y históricos representan la colonización de nuestras ontologías y la limitación de nuestras luchas, a la vez que nos condenan a repetir los mismos errores? ¿Somos seres humanos, iguales y unidos, pero apartados del mundo natural? ¿Somos el proletariado, que sólo tenemos que ocupar y racionalizar las industrias y las estructuras vigentes para conseguir la felicidad? ¿O tenemos que buscar historias y privaciones más profundas y antiguas para entender nuestra opresión?

Y a la mano de la campesina, sirviendo tanto de herramienta como de arma, tenemos la hoz: ¿con su corte nos deja un imaginario puro y sencillo de venganza contra aquellos que se ponen encima de nosotras, o nos atrapa en el ideario homogeneizador de igualdad? Y como símbolo de agricultura, ¿la segadora nos sugiere cultivar la tierra con respecto, de forma comunal y ecocéntrica, o domarla?

Para nosotras, ¿es “defensar la tierra” un eslogan vacío que esconde una complicidad con los procesos acumulativos de siempre, o realmente planteamos entrar en un ciclo de vida y muerte, de reciprocidad con la tierra? “Ens han declarat la guerra”, pero ¿quiénes somos? Fomentaremos la misma guerra contra la vida y contra la tierra que una pequeña parte de la especie comenzó hace ocho mil años, ese elemento colonizador que comparten el cristianismo, el capitalismo, el marxismo, el socialismo, las corrientes racionalistas de anarquismo y el cooperativismo?

Con este nuevo proyecto, queremos aportar reflexiones que desafían las cómodas críticas que se dirigen contra al sistema neoliberal y la actual crisis sin ir más allá, porque nuestro objetivo es el de identificar y atacar la dominación misma. Queremos desarrollar un rechazo bien fundamentado y una práctica de ataque contra el colonialismo, el patriarcado, la idea de progreso, el racionalismo, el capitalismo, el Estado (no como una lista de elementos separados, sino como aspectos integrados a la misma máquina de dominación). Apostamos por el concepto de guerra social como un antagonismo que vivimos y que hemos de visibilizar combatiéndolo.

Equinoccio de primavera 2016

Presentación del proyecto anterior, la distri Josep Gardenyes:

Nos encontramos ante el estreno de un nuevo proyecto de difusión anarquista.

La distri Josep Gardenyes es un archivo digital de fanzines, librillos y octavillas que se puede descargar gratis y sin permiso. Con este proyecto pretendemos compartir y difundir textos que consideramos de importancia estratégica en las luchas actuales. Además queremos animar a la amplia difusión de ideas anarquistas, por lo cual almacenamos octavillas de varios temas transversales o crónicos que se pueden repartir en casi cada manifestación, concentración o mesa de distribuidora, con la esperanza de que si a alguien le gusta un texto, se encargará por sí mismo de imprimir y difundirlo.

¿Porque Josep Gardenyes?

En la Enciclopedia Histórica del Anarquismo Español, encontramos los siguientes datos.

Nacido en Camarasa (Lérida, según otros en Monistrol), de donde le expulsó la guardia civil, viajó por Francia y Argentina. En Barcelona reaparece hacia 1919 como bohemio anarquista, año en que sufre prisión por agredir a esquiroles en Igualada. En los años siguientes conoció la cárcel con frecuencia (siete meses entre 1919-1920 en Barcelona y de nuevo en 1921 en Montjuich). Lector y escritor incansable, también mitinero (Manresa, 1920), presente en los grupos de choque (con Talens, Climent y Bermejo) contra el terrorismo del Sindicato Libre, la patronal y el Gobierno (intervino en el frustrado atentado contra Anido en 1922), vivía míseramente alimentándose de los magros beneficios que producía la venta callejera de prensa anarquista. Sentía casi idolatría por Seguí (ejecutó a un sicario del Sindicato Libre que atacó al Noi). En enero de 1925 firmó una llamada con Peiró y Pestaña en pro de la reorganización de los sindicatos en Solidaridad Proletaria. Durante la Dictadura de Primo sufrió prisión (salió del penal de San Miguel de los Reyes a fines de 1930) y con la República demostró audacia y valor inconmensurables (según cuentan, desarmó a 3.000 somatenistas). La República, sin embargo, le resultó funesta ya que, se dice, se mezcló con malas compañías y acabó en la cárcel (de todos modos en 1931 mitinea en Martorell y aún en septiembre de 1934 escribía en El Sembrador, y en plan muy revolucionario). Liberado en julio de 1936, había perdido mucho de su idealismo anterior, pero ello no le impidió luchar vigorosamente en las más peligrosas barricadas barcelonesas. Su fin, a toda luces inmerecido por su trayectoria y desmesura, fue imprevisto: la CNT lo fusiló en 1936 por haberse quedado con unas joyas recogidas en un piso abandonado (según otros, formaba parte de un grupo que enmascarándose en los emblemas de FAI asaltaba tiendas de comestibles) y murió con dignidad: no se justificó, “debo estar loco”, dijo, y exigió que se le ejecutase.

La clara línea moralista del autor, más la fuente de una parte de esta información (el poco fiable García Oliver) nos llevan a una duda: o Gardenyes realmente pidió a la CNT que le ejecutasen, o Gardenyes no se disculpó por robar a la burguesía como buen anarquista y aquella anécdota es otra invención de Oliver y otros dirigentes anarco-burócratas para esconder, tras un fondo moral, que la CNT se había convertido en un órgano del Estado.

En cualquier caso, esta ambigüedad nos permite recordarle sin convertirle en héroe y aumentar aún más a la martirología anarquista. Si la Organización le asesinó y escondió el hecho (como hizo con otros ilegalistas irreductibles después del Julio ’36) o si Gardenyes realmente fue tan pringado por arrepentirse de un robo y pedir justicia, su muerte infame nos sirve para mostrar que el Estado está en todas partes, desde la cima hasta las bases.

Con la memoria de nuestros fallos, podemos acabar de traicionarnos a nosotros mismos y atacar al espíritu de la dominación en cualquier parte donde se encuentre.